Ciudades perdidas y culturas olvidadas que te dejarán sin palabras
Pueblos del pasado
A lo largo de la historia, grandes civilizaciones han surgido, florecido y desaparecido, dejando tras de sí ruinas, leyendas y un sinfín de incógnitas. Desde las selvas de América Central hasta los desiertos de Oriente Próximo, estos mundos perdidos representaron en su día la cúspide del ingenio humano. Hoy solo quedan vestigios, pero sus misterios siguen fascinando a arqueólogos, historiadores y curiosos de todo el mundo.
Sigue leyendo para viajar en el tiempo y descubrir las increíbles civilizaciones que ya no están con nosotros…
Adaptado al español por Ana Niño, Redactora en español para loveEXPLORING.
La civilización del valle del Indo (c. 3330 – c. 1300 a. C.)
Contemporánea del antiguo Egipto, la civilización del valle del Indo fue incluso más extensa que su vecino más conocido. Se desplegaba por la vasta llanura del río Indo, abarcando territorios que hoy forman parte de Pakistán, India y Afganistán.
Más de 1.400 ciudades y pueblos componían esta cultura asiática milenaria, y la mayor de sus urbes llegó a tener unos 40.000 habitantes. Muchos asentamientos presentan indicios de una sorprendente planificación urbana: construcciones dispuestas en cuadrícula y sistemas de desagüe que recorrían los márgenes de las calles para evacuar las aguas residuales.
La civilización del valle del Indo (c. 3330 – c. 1300 a. C.)
Muchos aspectos de la vida en la civilización del valle del Indo siguen siendo un enigma para historiadores y arqueólogos. Al no haberse logrado descifrar su sistema de escritura pictográfica, se desconoce cómo se autodenominaban, qué lengua hablaban, cómo se organizaban políticamente o cómo era su estructura social. Lo que sí sabemos es que eran artesanos expertos, capaces de crear cerámica decorada con gran delicadeza, joyas minuciosas y hasta juguetes para niños.
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La civilización del valle del Indo (c. 3330 – c. 1300 a. C.)
El mayor enigma sigue siendo qué causó el colapso de la civilización del Indo, aparentemente pacífica y bien organizada, a lo largo de unos 200 años. Aunque muchas aldeas sobrevivieron intactas, sus ciudades quedaron en ruinas y fueron olvidadas con el tiempo.
Algunos expertos creen que el colapso se debió al derrumbe de las lucrativas rutas comerciales con Mesopotamia. Otros apuntan a posibles invasiones desde el norte o a hambrunas provocadas por cambios climáticos o movimientos geológicos. Sea cual fuere la causa, esta civilización milenaria permaneció oculta hasta que sus restos fueron excavados por primera vez en el siglo XIX.
Los minoicos (c. 3100 – c. 1100 a. C.)
La civilización minoica floreció en la isla mediterránea de Creta, cuya ubicación estratégica la convirtió en un importante centro de comercio marítimo con Egipto, Mesopotamia y Grecia. El palacio de Cnosos fue excavado por primera vez en la década de 1870 y, más a fondo, en 1900 por el arqueólogo británico sir Arthur Evans, convencido de haber hallado la residencia del legendario rey Minos, célebre por el mito de Teseo y el minotauro.
Hoy en día, pocos expertos creen que fuera así, y algunos incluso dudan de que los minoicos tuvieran monarcas, ya que no se ha encontrado ninguna representación clara de gobernantes. Aun así, grandes complejos como Cnosos y Gournia (en la imagen) siguen siendo conocidos como palacios.
Los minoicos (c. 3100 – c. 1100 a. C.)
Aunque los expertos aún no han logrado descifrar el sistema de escritura minoico conocido como lineal A, los hallazgos arqueológicos arrojan mucha luz sobre esta antigua civilización. Sus técnicas constructivas estaban siglos por delante del resto de Europa: contaban con sistemas de drenaje, edificios de varias plantas y agua corriente.
Los frescos, de vivos colores, sugieren que la religión y los rituales minoicos estaban profundamente ligados a la naturaleza. Además, las pinturas y esculturas apuntan a que el salto del toro fue una tradición destacada.
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Los minoicos (c. 3100 – c. 1100 a. C.)
Los minoicos entraron en declive hacia el año 1450 a. C., probablemente a raíz de una potente erupción volcánica en la cercana isla de Thera (la actual Santorini), que desencadenó tsunamis y provocó años de hambruna.
Los palacios fueron conquistados o destruidos, posiblemente por invasores micénicos procedentes de la Grecia continental. Hacia el 1100 a. C., los minoicos habían sido completamente absorbidos por los griegos micénicos. Aun así, no han caído en el olvido: hoy el palacio de Cnosos es un destino turístico muy visitado.
Los mayas (c. 2000 a. C. – 1697 d. C.)
En la década de 1840, unos exploradores se toparon con las ruinas de una civilización olvidada en las selvas de América Central. Aquellos espectaculares palacios y pirámides estaban cubiertos de obras de arte y restos de escritura, y pronto quedó claro que una gran civilización se había extendido por lo que hoy son el sur de México, Belice, Guatemala, El Salvador y Honduras. Los mayas fueron los primeros en cultivar la tierra y domesticar animales en la región, antes de construir sus primeras ciudades. La más conocida de todas es Chichén Itzá (en la imagen).
Los mayas (c. 2000 a. C. – 1697 d. C.)
La civilización maya alcanzó su apogeo entre los años 200 y 900 d. C. Durante este periodo, perfeccionaron sus templos y palacios piramidales, que en su momento fueron vibrantes centros culturales y comerciales, decorados por artistas con coloridos murales.
Los mayas desarrollaron una compleja escritura jeroglífica, dominaban conceptos matemáticos avanzados y elaboraron uno de los calendarios más precisos del mundo antiguo. También dedicaban tiempo al ocio, practicando uno de los primeros deportes de equipo conocidos: un juego de pelota rápido y violento. En la imagen, puede verse uno de los postes de puntuación utilizados en este juego.
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Los mayas (c. 2000 a. C. – 1697 d. C.)
El lento declive de los mayas comenzó en el siglo IX d. C., y las causas de su colapso siguen siendo motivo de debate. Algunos expertos creen que la superpoblación agotó los recursos alimentarios, mientras que otros apuntan a que los efectos del cambio climático se agravaron por las técnicas agrícolas de tala y quema utilizadas por los propios mayas.
Las principales ciudades fueron abandonadas poco a poco y devoradas por la selva, dejando tras de sí un puñado de aldeas que sobrevivieron durante siglos… hasta la llegada de los conquistadores españoles, que marcaron el final de una de las civilizaciones más notables de la América precolombina.
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Los nabateos (311 a. C. – 106 d. C.)
Se cree que el nombre "nabateos" proviene de una antigua palabra que significaba “brillar intensamente” y eso es precisamente lo que hicieron durante más de cuatro siglos.
Esta tribu árabe prosperó gracias a su ubicación estratégica —aproximadamente en la actual Jordania—, en el corazón de una red comercial que conectaba a griegos y romanos, por un lado, con persas y egipcios por el otro. Fundaron ciudades en puntos clave, enclavadas entre pasos montañosos y cañones desérticos.
Los nabateos (311 a. C. – 106 d. C.)
Los nabateos son célebres por su impresionante arquitectura excavada en la roca, especialmente en su capital, Petra, donde los constructores combinaron estilos griegos, romanos y árabes para crear majestuosas fachadas como la del Tesoro (en la imagen).
Las ciudades nabateas disponían de sofisticados sistemas de abastecimiento de agua que permitían la vida en condiciones áridas. Sus habitantes rendían culto en templos, asistían a representaciones teatrales y seguían una dieta variada basada en cultivos locales y pescado de río.
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Los nabateos (311 a. C. – 106 d. C.)
La riqueza de los nabateos acabó volviéndose en su contra: los codiciosos ojos del imperio romano se posaron sobre el reino y las tropas del emperador Trajano lo anexionaron en el año 106 d. C.
El antiguo territorio nabateo pasó a formar parte de la frontera suroriental del Imperio, pero, con el desplazamiento de las rutas comerciales, su importancia económica fue disminuyendo. Las majestuosas ciudades nabateas quedaron abandonadas y olvidadas, hasta que en el siglo XIX unos exploradores redescubrieron vastas tumbas como esta, ocultas entre las arenas del desierto.
La cultura mississippiana (c. 800 – 1600 d. C.)
La cultura mississippiana no fue un único estado, sino un conjunto de tribus nativas americanas que florecieron en una vasta región, desde los Grandes Lagos hasta el golfo de México.
Surgió cuando los antiguos pueblos cazadores-recolectores comenzaron a cultivar maíz, lo que les permitió abandonar el nomadismo y asentarse en comunidades más grandes y estables, como Cahokia, en la actual Illinois. Los arqueólogos identifican los yacimientos misisipianos por la presencia de grandes montículos de cima plana, y no hay ninguna estructura de tierra precolombina mayor que el Monks Mound de Cahokia, visible en la imagen.
La cultura mississippiana (c. 800 – 1600 d. C.)
Se cree que los grandes terraplenes característicos de los asentamientos mississippianos servían como plataformas para la construcción de templos y viviendas de madera, aunque la madera se ha descompuesto con el tiempo y apenas quedan restos visibles.
Sin embargo, los arqueólogos han hallado numerosas piezas de cerámica, lo que demuestra que estas tribus contaban con ceramistas muy experimentados. Vasijas como esta, con forma de castor, suelen contener una alta proporción de fragmentos de conchas y presentan motivos decorativos inspirados en la cosmología o la naturaleza.
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La cultura mississippiana (c. 800 – 1600 d. C.)
Las tribus de la cultura mississippiana comenzaron su declive en el siglo XIV, probablemente a causa de las hambrunas y los conflictos generados por el cambio climático durante la llamada Pequeña Edad de Hielo.
La llegada de los exploradores europeos, que trajeron enfermedades frente a las que los mississippianos no tenían inmunidad, supuso un golpe definitivo para un pueblo ya debilitado. La mayoría de las grandes comunidades fueron abandonadas, aunque muchos de sus imponentes montículos aún se conservan, como los de Etowah Mounds, en el estado de Georgia.
El imperio jemer (802 – 1431 d. C.)
El imperio jemer fue fundado por Jayavarman II tras unificar un mosaico de pequeños reinos y territorios en lo que hoy es Camboya. En los siglos posteriores, sus sucesores expandieron el imperio por buena parte del sudeste asiático y establecieron su capital en la ciudad de Angkor. En su apogeo, esta urbe llegó a superar el millón de habitantes y alberga uno de los templos más grandes del mundo: Angkor Wat (en la imagen).
El imperio jemer (802 – 1431 d. C.)
Aunque el imperio jemer contaba con una burocracia y un sistema de gobierno sofisticado, sus registros detallados se conservaban en soportes frágiles como papel hecho de fibras vegetales, papel de arroz o vitela, materiales que no resistían el clima húmedo de Camboya.
Por eso, los historiadores dependen en gran medida de las inscripciones grabadas en los muros de los templos y de los testimonios de viajeros extranjeros. Sabemos que los jemeres mantenían intensas relaciones comerciales con China, apreciaban la seda y los metales preciosos y disponían de un complejo sistema de gestión del agua controlado por el rey.
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El imperio jemer (802 – 1431 d. C.)
El imperio jemer comenzó a decaer hacia el año 1200 d. C., cuando los grandes proyectos de construcción empezaron a ralentizarse. Es probable que los factores medioambientales influyeran de forma decisiva: el cambio climático durante la Pequeña Edad de Hielo pudo haber provocado periodos de sequía alternados con monzones intensos y destructivos, lo que afectó gravemente al complejo sistema hidráulico y a los campos de arroz de Angkor.
El último suspiro del imperio llegó en 1431, cuando invasores tailandeses saquearon la ciudad, que quedó prácticamente abandonada.
Vikingos de Groenlandia (986 – 1408 d. C.)
En el año 985 d. C., el jefe nórdico exiliado Erik el Rojo arriesgó la vida al regresar a Islandia con una gran noticia: había descubierto nuevas tierras al oeste.
Una pequeña flota de barcos largos zarpó rápidamente para colonizar la gélida región que él bautizó como Groenlandia y, durante los siglos siguientes, Erik y sus sucesores mantuvieron allí dos asentamientos principales: uno en el extremo sur y otro en la costa occidental. Sin embargo, apenas han quedado vestigios, más allá de unas pocas ruinas de piedra.
Vikingos de Groenlandia (986 – 1408 d. C.)
La comunidad de pioneros liderada por Erik el Rojo se dedicó a la agricultura y a la caza de focas, mientras obtenía ingresos gracias al comercio del valioso marfil de colmillo de morsa. Los colonos vikingos invertían esas ganancias en objetos de lujo y sus casas solariegas incluso contaban con vidrieras importadas.
El último hecho documentado es una boda de la alta sociedad celebrada en la iglesia de Hvalsey, en 1408. Después de aquello, los vikingos de Groenlandia parecen haber abandonado la isla en una evacuación ordenada.
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Vikingos de Groenlandia (986 – 1408 d. C.)
Aún no se sabe con certeza por qué se abandonaron los asentamientos vikingos en Groenlandia. El enfriamiento del clima en aquella época y la peste negra, que asoló Europa, podrían haber provocado la caída del comercio y hecho inviable la vida en esta frontera helada.
Hoy en día, los visitantes aún pueden contemplar las ruinas de la catedral de Garðar, construida por los vikingos en Igaliku la iglesia de Hvalsey, que se conserva en buen estado en Qaqortoq; e incluso las granjas de la expedición pionera de Erik el Rojo en Qassiarsuk (en la imagen).
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