Muchos de los hallazgos históricos más importantes y fascinantes del mundo no fueron desenterrados por arqueólogos profesionales. En su lugar, fueron descubiertos por accidente por constructores, renovadores, detectores, entusiastas de la historia, buceadores e incluso paseadores de perros.
Acompáñanos en este fascinante viaje para explorar los épicos tesoros descubiertos por aficionados y saber dónde puedes verlos por ti mismo.
Haz clic en esta galería para maravillarte con los increíbles hallazgos arqueológicos realizados por gente común…
Adaptado al español por Alba Mora Antoja, Redactora en Español para loveEXPLORING.
Cuando se construyó el puente de South Bridge para cruzar un valle escarpado en Edimburgo en la década de 1780, los emprendedores locales aprovecharon sus 19 arcos para almacenar y vivir.
Estas bóvedas se llenaron rápidamente de gente, se ensuciaron y se convirtieron en un foco de delincuencia hasta que un exjugador internacional de rugby escocés, Norrie Rowan, descubrió un túnel desde el sótano de su pub en los años ochenta.
Excavó entre los escombros y se sorprendió al descubrir un mundo perdido bajo Edimburgo.
Más tarde, Rowan utilizó su descubrimiento para esconder a un jugador de rugby rumano que quería desertar de la desmoronada URSS. Después de un partido en 1989, el exjugador de rugby escocés Cristian Raducanu fue conducido a las bóvedas para esconderse de los secuaces soviéticos, mientras Rowan solicitaba asilo político a un policía escocés.
Los túneles volvieron a cobrar vida cuando fueron despejados durante los años noventa, y algunos se utilizan ahora para populares recorridos históricos y de fantasmas. Una de las bóvedas incluso se utiliza cada año como parte del Festival Fringe de Edimburgo.
En 1982, el buceador de esponjas Mehmet Çakir vio unas placas metálicas de forma peculiar (que describió como “galletas metálicas con orejas”) en el Mediterráneo, frente a las costas de Turquía. No tardó en darse cuenta de que eran antiguas y se lo comunicó a los arqueólogos locales.
Sus excavaciones submarinas pronto revelaron los restos de un barco hundido en el siglo XIV a. C. Como resultado de miles de años bajo el agua, el casco de cedro había desaparecido casi por completo.
Tras diez años de estudio, se reveló que el barco era un buque mercante, con su valiosa carga de jarras de cerámica y lingotes de bronce aún intactos.
El barco también contenía hallazgos más espectaculares, como colmillos de elefante, dientes de hipopótamo y joyas finas. Lo más destacado fue un escarabajo de oro con el nombre de la reina egipcia Nefertiti inscrito.
Estos hallazgos se exhiben actualmente en el Museo de Arqueología Subacuática de Bodrum, en el suroeste de Turquía.
Mientras, en un famoso museo de París se encuentra nuestro siguiente hallazgo…
El campesino Yorgos Kentrotas fue uno de los primeros en apostar por el reciclaje. Cuando en 1820 necesitó piedra para un nuevo edificio, decidió retirar bloques de una antigua muralla en la isla griega de Milos. Pero mientras picaba, descubrió un nicho que contenía una estatua de mármol en dos piezas.
Lo que encontró se convertiría en una de las obras de arte más veneradas del mundo. Se cree que la figura femenina representa a la diosa griega del amor, Afrodita, y fue esculpida por Alejandro de Antioquía entre los años 150 y 125 a. C.
A pesar de no tener brazos, el valor histórico de la estatua fue rápidamente reconocido por Olivier Voutier, un oficial naval francés y entusiasta de las antigüedades destinado en la isla. Ayudó a desenterrar la estatua y convenció al embajador francés para que la comprara.
La Venus de Milo fue entregada como regalo al rey Luis XVIII, quien la donó al museo del Louvre al año siguiente. Desde entonces, ha permanecido en la institución parisina.
Es posible que quien descubrió la cueva de Lascaux no fuera humano, sino, según algunas fuentes, un perro que en septiembre de 1940 comenzó a olfatear alrededor de un agujero en el suelo. El propietario del canino explorador, Marcel Ravidat, de 18 años, y tres amigos se lanzaron emocionados al interior, pensando que habían encontrado un pasadizo secreto hacia una casa solariega cercana.
En realidad, encontraron una caverna subterránea decorada con más de 600 pinturas y grabados realizados por humanos prehistóricos hace unos 20.000 años.
Un maestro de escuela local trajo a expertos para que avalaran la autenticidad de la obra de arte prehistórica. La cueva de Lascaux se abrió al público en 1948, pero la calidad del aire en su interior se deterioró rápidamente y comenzó a amenazar las pinturas.
La cueva se cerró en 1963 y ahora el acceso está muy restringido. Sin embargo, en un centro de visitantes cercano se exhibe una réplica exacta.
La actividad amateur no se detiene ahí. Mediante la réplica, un arqueólogo aficionado pudo especular recientemente que Lascaux y otras pinturas rupestres europeas son las primeras formas conocidas de calendario lunar, que registra los ciclos reproductivos de los animales.
En 1947, un frustrado pastor beduino buscaba una oveja perdida cuando lanzó una piedra a una cueva. El sonido de vasijas rompiéndose lo tentó a entrar y en su interior encontró jarras que contenían rollos de papiro que databan del siglo III a. C. al siglo I d. C.
Satisfecho con su descubrimiento, los vendió a un anticuario de Belén por siete libras jordanas (unos 312 euros en moneda actual). Unos años más tarde, se venderían por $250.000 (229.358 euros).
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Las excavaciones posteriores en las cuevas de Qumrán encontraron casi 1.000 pergaminos distintos escritos por una secta judía separatista llamada los esenios, que tenían creencias místicas. Algunos de los pergaminos son las copias más antiguas que se conservan de los textos bíblicos. En conjunto, arrojan luz sobre el desarrollo del judaísmo y sobre los orígenes del cristianismo.
Dado que la zona que rodea las cuevas de Qumrán se encuentra en Cisjordania, epicentro del conflicto entre Israel y Palestina, los pergaminos se encuentran actualmente repartidos entre el Museo de Israel en Jerusalén y el Museo de Jordania en Amán.
Ante el creciente número de turistas que acudían a la capital búlgara, los ingenieros comenzaron a excavar los cimientos de un nuevo hotel de lujo en 2004. Pero su trabajo se detuvo cuando descubrieron gruesos muros enterrados bajo el suelo.
Los arqueólogos declararon que finalmente habían encontrado el anfiteatro perdido de la ciudad romana de Serdica. Se trata de un edificio construido para entretener a los residentes romanos en los siglos III y IV d. C., cuya ubicación exacta se había perdido en las brumas del tiempo.
En su apogeo, el anfiteatro fue testigo de violentas luchas entre gladiadores y animales, e incluso es posible que lo visitaran emperadores. Tenía capacidad para 25.000 espectadores.
Las obras de construcción modernas continuaron después de que los arqueólogos terminaran de excavar los restos, pero el hotel se rediseñó para garantizar que se dañaran lo menos posible las ruinas romanas.
Ahora, los huéspedes del hotel (y los transeúntes curiosos) pueden ver los restos del anfiteatro en la planta baja.
Tras la muerte de su marido, Edith Pretty se dedicó a investigar unos extraños montículos en los terrenos adyacentes a su gran casa. Contrató los servicios del arqueólogo autodidacta Basil Brown y, en 1938, comenzó la excavación.
Cuando abrieron el montículo más grande y retiraron hábilmente la tierra, no pudieron creer lo que veían. Habían descubierto una cámara funeraria dentro de un barco gigantesco. Valiosos objetos anglosajones del siglo VII estaban esparcidos por todas partes.
Los arqueólogos profesionales intervinieron cuando quedó claro que el yacimiento era de importancia nacional. Muchos creen ahora que se trata del lugar de enterramiento real del rey Raedwald de Anglia Oriental.
Edith Pretty entregó el tesoro del rey a la nación, que ahora se exhibe en el Museo Británico. Mientras tanto, el yacimiento arqueológico es ahora un centro de visitantes que cuenta la historia de los excavadores y de sus impresionantes hallazgos.
Ahora bien, pocos hallazgos han sorprendido tanto como el siguiente…
Un hombre turco tuvo un problema inusualmente frustrante al renovar su casa en 1963. Al parecer, sus gallinas seguían desapareciendo por un agujero en la pared, para no volver jamás. Finalmente, el hombre derribó la pared y descubrió un túnel que conducía al subsuelo.
Cuanto más avanzaba, más profundo se hacía hasta alcanzar los 85 metros bajo la superficie. Había descubierto la entrada a una vasta ciudad subterránea excavada en la blanda roca volcánica hacía más de 3.000 años.
Los arqueólogos acabaron descubriendo 18 pisos separados, cada uno con cámaras, pasillos y puertas de piedra rodante. Se cree que Derinkuyu fue excavada por los frigios, habitantes de Anatolia en la Edad del Hierro, pero algunos especulan que la ciudad fue fundada por sus predecesores, los hititas.
Los túneles se utilizaron como almacén y como refugio contra los asedios a lo largo de los siglos, especialmente durante el periodo bizantino, cuando hasta 20.000 personas se refugiaron allí. Los visitantes actuales pueden recorrer gran parte de las cámaras y hacerse una idea de cómo era la vida bajo la superficie.
El agricultor chino Yang Zhifa y sus hermanos comenzaron a cavar un pozo para abastecer de agua a su pueblo en 1974. En su lugar, descubrieron misteriosos fragmentos de arcilla que representaban a un soldado.
Los arqueólogos chinos se apresuraron a desenterrar todo un ejército de terracota compuesto por más de 8.000 soldados, 670 caballos y 130 carros. Yang recibió una recompensa económica, pero él y los aldeanos para los que esperaba cavar un pozo fueron reubicados en una aldea vecina para que las excavaciones pudieran continuar.
Los arqueólogos concluyeron que los guerreros de terracota fueron enterrados cerca de la tumba del emperador Qin Shi Huang, que murió en el 210 a. C., para protegerlo en el más allá.
La cámara funeraria del emperador permanece intacta. Se ha construido un gran complejo museístico en las cercanías, que alberga la fosa funeraria más grande del vasto yacimiento, así como las figuras cuidadosamente reconstruidas que se encontraron en su interior.
El Museo de los Guerreros de Terracota es ahora una de las atracciones turísticas más populares de China, que atrae a millones de visitantes al año.
Una pareja alemana, formada por Erika y Helmut Simon, estaba haciendo senderismo en los Alpes cuando se topó con un hallazgo espeluznante: un cuerpo en el hielo. Tanto ellos como los rescatadores de montaña a quienes llamaron supusieron que se trataba de un alpinista perdido.
Sin embargo, cuando lo sacaron del hielo, se dieron cuenta de que el cuerpo estaba vestido con pieles y llevaba un arco y un hacha de cobre. Ötzi, como pronto se apodó al cuerpo, murió en realidad hace unos 5.000 años.
¿Pero cómo murió Ötzi?
Un examen más detallado reveló que Ötzi tuvo un final violento. Murió por una flecha en la espalda que le seccionó una arteria. Nunca sabremos qué motivó esa puñalada en la espalda.
Incluso milenios después de su muerte, Ötzi siguió causando problemas. La ubicación de su cuerpo en la frontera entre Austria e Italia provocó una disputa entre los arqueólogos de ambos países.
Finalmente, se determinó que murió a menos de 100 metros dentro del territorio italiano, por lo que Ötzi se exhibe actualmente en una cámara climatizada del Museo Arqueológico del Tirol del Sur, en Bolzano, Italia.
En 1757, la actividad minera en el bonito pueblo de Banwell, en el condado de Somerset, reveló una asombrosa cueva con estalactitas. Los residentes decidieron abrir la cueva al público en 1824 para recaudar fondos para una escuela local. Cuando comenzaron a excavar un túnel en la cueva para mejorar el acceso, se encontraron con otra caverna.
Esta estaba repleta de huesos de animales antiguos, que el sacerdote local declaró que eran de animales ahogados en la época del Arca de Noé.
Un análisis minucioso de los huesos reveló que databan del Pleistoceno, hace unos 80.000 años, cuando Gran Bretaña se estremecía en una era glacial. Los arqueólogos teorizaron que la Caverna de los Huesos fue utilizada como trampa por los habitantes prehistóricos de Banwell, ya que se encontró un gran agujero en el techo.
Las trampas eran un método cómodo y seguro para capturar y sacrificar a los bisontes, renos y osos pardos que vagaban por la antigua Somerset. Las cuevas pueden visitarse hoy, pero solo en visitas guiadas previamente concertadas.
Cuando los soldados franceses quisieron construir nuevas defensas en Fort Julien en 1799, durante su invasión de Egipto, eligieron la opción más fácil: recoger piedras de un antiguo edificio situado a un par de kilómetros de distancia.
Por suerte, el teniente Pierre-François Bouchard vio una losa intrigante antes de que se la llevaran. El trozo de roca negra llevaba la misma inscripción en tres idiomas: jeroglíficos, demótico y griego antiguo. Resultó ser la clave para descifrar los jeroglíficos, aún sin traducir, utilizados por los antiguos egipcios.
La piedra de Rosetta se almacenó inicialmente en la cercana Alejandría y pasó a manos británicas cuando los franceses se rindieron. Luego se exhibió en el Museo Británico en 1802, donde todavía se encuentra hoy.
En 1822, el lingüista francés Jean-François Champollion descifró finalmente el código jeroglífico cuando se dio cuenta de que los glifos podían representar tanto sonidos como significados. La piedra de Rosetta permanece en Londres, a pesar de las campañas del siglo XXI para su repatriación.
Precisamente en Inglaterra se encontró el siguiente hallazgo…
El detector de metales Terry Herbert no tenía ni idea de que encontraría algo cuando le preguntó al granjero Fred Johnson si podía pasar su equipo de detección por un campo recién arado en 2009. Pero su máquina no dejaba de pitar tras sacar a la superficie objetos de valor incalculable de la Edad Media.
Durante cinco días, Herbert extrajo del suelo cientos de objetos anglosajones de oro, desde elaboradas joyas hasta parafernalia bélica. Herbert creía que aún quedaba mucho por descubrir y, preocupado por que se corriera la voz y los artefactos fueran robados, llamó a los expertos.
La cuidadosa excavación del campo de Fred Johnson reveló casi 4.600 objetos: una colección sin igual de objetos y joyas de oro, plata y granate que datan de los siglos VII y VIII, todos ellos fabricados por artesanos anglosajones altamente cualificados.
En la imagen se ve una tira de oro con inscripciones que podría haber formado parte de una cruz. Es posible que las reliquias fueran enterradas para su custodia, pero su propietario nunca regresó. Ahora, algunos de los objetos seleccionados se exhiben en el Potteries Museum & Art Gallery de Stoke-on-Trent y en el castillo de Tamworth, ambos en el condado inglés de Staffordshire.
Es difícil creer que el yacimiento arqueológico más famoso del mundo fuera desconocido durante tanto tiempo. Después de que Pompeya quedara sepultada por la erupción del Vesubio en el año 79 d. C., cayó rápidamente en el olvido.
No fue redescubierta hasta 1592, cuando el arquitecto Domenico Fontana construyó un acueducto subterráneo y siguió levantando antiguas murallas cubiertas de pinturas e inscripciones. Sin embargo, Fontana no consiguió el apoyo necesario para excavar adecuadamente las ruinas, por lo que las volvió a enterrar para protegerlas de los elementos.
Pompeya fue redescubierta por segunda vez un siglo más tarde, en 1693, cuando los anticuarios Francesco Picchetti y Giuseppe Macrini encontraron el yacimiento y comenzaron las excavaciones sistemáticas que continúan hasta hoy.
Actualmente, pueden recorrerse partes de la ciudad excavada y experimentar un poco de la vida cotidiana en el Imperio romano, desde baños y tiendas hasta anfiteatros y foros.
Cuando el detector de metales Charlie Clarke se topó con un colgante Tudor de oro macizo que conmemoraba el matrimonio del rey Enrique VIII y su primera esposa, Catalina de Aragón, solo seis meses después de iniciarse en esta afición, pensó que el hallazgo era demasiado bueno para ser verdad.
Los expertos del Museo Británico coincidieron inicialmente con él, pero un minucioso análisis acabó por demostrar que el colgante era auténtico y probablemente el mejor hallazgo de la Inglaterra renacentista de las últimas décadas.
El medallón, de 300 gramos, está decorado con esmalte que aún brilla. No hay nada tan grande ni tan valioso en toda la colección de joyas Tudor del museo.
El collar data de principios del siglo XVI y las referencias reales son evidentes. En el reverso aparecen las letras "H" y "K", presumiblemente de Enrique (“Henry”) y Catalina (“Katherine”), unidas por una tira de encaje en espiral.
La parte delantera los muestra unidos de forma similar, con un granado (el escudo de Catalina de Aragón) entrelazado con una rosa Tudor roja y blanca.
Ambas caras presentan la leyenda "TOVS" e "IORS", aparentemente un juego de palabras francés-inglés con las frases "toujours" y "all yours”. Por otro lado, hay ornamentada cadena de oro compuesta por 75 eslabones mantiene el medallón en su sitio.
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