Puede que el telón de acero y el Muro de Berlín cayeran hace más de 30 años, pero aún hoy quedan vestigios de la era comunista en distintos rincones del mundo. Desde trenes de época soviética en Rusia hasta un gigantesco edificio con forma de “ovni” en Bulgaria, pasando por el cuerpo embalsamado de Mao Zedong en China o los coches Trabant en Alemania, la nostalgia comunista sigue muy presente.
Sigue leyendo para descubrir, de coches a búnkeres, los restos comunistas más impactantes del mundo.
Adaptado al español por Ana Niño, Redactora en español para loveEXPLORING.
Viajar en un tren nocturno por Europa del Este o subir al mítico Transiberiano en Rusia es como retroceder en el tiempo. Muchos de sus vagones siguen circulando desde la época soviética, con todo el encanto de otro tiempo.
En la época soviética la comodidad no era precisamente una prioridad, aunque los pasajeros podían descansar lo suficiente durante el trayecto. Eso sí, la privacidad brillaba por su ausencia: en algunos vagones las literas no estaban separadas por paredes, lo que convertía el viaje en una experiencia plenamente comunitaria.
Las redes ferroviarias de la región apenas han cambiado desde la época comunista. Además de pasar la noche entera zarandeados, los pasajeros que viajan entre Bucarest y Moldavia pueden verse obligados a abandonar sus literas después de medianoche: los ingenieros tienen que desmontar y sustituir las ruedas del tren para adaptarlas al ancho de vía mayor de la vecina Moldavia.
Este peculiar contratiempo existe desde hace décadas, ya que Rumanía nunca modificó el ancho de las vías heredado de la Unión Soviética durante el comunismo.
Los coches clásicos son uno de los grandes símbolos de La Habana y reflejan hasta qué punto el comunismo ha marcado la vida en Cuba hasta nuestros días. Durante décadas, el gobierno socialista liderado por Fidel Castro solo permitió la compraventa de vehículos anteriores a la revolución.
Por eso, todavía circulan unos 60.000 coches fabricados en 1959 o antes. Muchos visitantes disfrutan de recorridos turísticos en estos automóviles antiguos, aunque en los últimos años han existido ciertas restricciones de uso y circulación.
Muchos operadores turísticos ofrecen recorridos de dos a tres horas con chófer por La Habana. Los visitantes pueden descubrir con estilo lugares emblemáticos como la Plaza de la Revolución, el Capitolio Nacional o la carretera costera del Malecón.
En Albania, los búnkeres de hormigón levantados entre los años sesenta y ochenta son parte inseparable del paisaje. Se construyeron bajo el régimen comunista de Enver Hoxha, convencido de que el país estaba amenazado por sus vecinos.
Tras la caída del telón de acero, miles de estas estructuras quedaron abandonadas y muchas hoy se encuentran en ruinas. Sin embargo, algunos se han transformado en museos, refugios para animales e incluso en alojamientos turísticos.
Los búnkeres se reparten por todo el país, desde las montañas hasta la costa, con una media de casi 15 estructuras por cada 2,5 kilómetros cuadrados. Nunca llegaron a usarse con fines defensivos y siguen considerándose uno de los proyectos gubernamentales más costosos e inútiles de la historia contemporánea.
Hoy, muchos de estos refugios de hormigón se han reconvertido en espacios culturales. Uno de los ejemplos más famosos es el Bunk’Art (en la foto), un museo y galería de arte situado en Tirana, la capital. Sus túneles subterráneos han sido decorados para recrear cómo eran durante el régimen de Enver Hoxha, dictador comunista que gobernó Albania entre 1944 y 1985.
Con la caída del comunismo en Europa del Este en 1989, las gigantescas estatuas y los símbolos de la época no tardaron en desaparecer. Aquellos enormes bustos, que en su día representaban fuerza y unidad, perdieron su valor y quedaron abandonados en calles y patios traseros.
Sin embargo, en algunos países estas esculturas monumentales han encontrado un nuevo lugar de descanso.
En Estonia, uno de los países que recuperó su independencia tras la caída del telón de acero, se conservan las cabezas de Vladímir Lenin y Iósif Stalin, figuras profundamente odiadas en la región. Estas esculturas se han reunido detrás del Museo de Historia de Estonia, cerca de Tallin, aunque algunas muestran daños visibles: les faltan manos u otras partes.
Tras varios años de construcción, hoy existe un parque de esculturas soviéticas junto al palacio Maarjamäe, parte del Museo de Historia de Estonia. Una forma agradable de llegar desde Tallin es en bicicleta, siguiendo el pintoresco carril bici hacia Pirita, que recorre la hermosa costa del mar Báltico. En la capital es habitual encontrar servicio de alquiler de bicicletas.
En Budapest se encuentra el Memento Park, un auténtico cementerio de estatuas. Allí se conservan 42 esculturas de figuras como Vladímir Lenin, Karl Marx y Iósif Stalin, todas retiradas de la capital húngara tras la caída del comunismo. Conjunto monumental, sirve como recordatorio del poder que llegó a tener la dictadura en el país.
Lenin, Lenin y más Lenin. En el parque Grūtas, en Lituania, se conservan decenas de bustos y estatuas del líder soviético Vladímir Lenin, junto con otras figuras comunistas de la época. En total, el parque alberga 86 esculturas procedentes de la era soviética.
El espacio está dividido en diferentes zonas temáticas, cada una dedicada a un líder comunista concreto, lo que convierte la visita en un recorrido al aire libre por la iconografía del régimen. Además de las esculturas, los visitantes encuentran réplicas de torres de vigilancia y otros elementos que evocan la atmósfera opresiva de aquellos años.
En plena Plaza Roja, junto al Kremlin, se encuentra el mausoleo donde yace el cuerpo embalsamado de Vladímir Lenin, expuesto al público desde su muerte en 1924. La entrada es gratuita y, desde hace un siglo, sigue siendo una de las atracciones turísticas más visitadas de la capital rusa.
El embalsamamiento de líderes comunistas se convirtió en una práctica habitual entre los regímenes del bloque soviético, con Lenin como el ejemplo más famoso.
El cuerpo del líder revolucionario vietnamita Ho Chi Minh permanece expuesto al público, pese a que él expresó en vida su deseo de ser incinerado tras su muerte. El mausoleo de granito de Hanói se inspiró directamente en la tumba de Vladímir Lenin en Moscú.
Cada día, multitudes de personas esperan durante horas para desfilar en silencio frente a su cuerpo, convertido en símbolo del régimen.
Durante décadas, Mao Zedong ejerció un poder absoluto sobre millones de personas. Tras su muerte en 1976, el dirigente comunista fue embalsamado y colocado en un ataúd de cristal cubierto con una bandera roja, pese a que había expresado su deseo de ser incinerado.
Miles de ciudadanos chinos siguen acudiendo cada año a rendirle homenaje en su mausoleo de la plaza de Tiananmén, cuya entrada es gratuita.
Aunque el cuerpo de Karl Marx no se conservó, su tumba en el cementerio de Highgate, al norte de Londres, se ha convertido en una de las más reconocibles del mundo gracias al enorme busto barbudo que la preside.
La última línea del Manifiesto comunista está grabada en el mármol, que hoy es considerado patrimonio protegido. Como curiosidad, Marx descansa junto al filósofo Herbert Spencer, quien acuñó la expresión “la supervivencia del más apto” y defendió ideas opuestas a todo lo que Marx representaba.
Conocido como la Casa de las Flores, este edificio con aspecto de invernadero es el lugar donde descansa otro de los grandes líderes comunistas del siglo XX. El expresidente yugoslavo Josip Broz Tito, conocido popularmente como Tito, fue enterrado en 1980 entre plantas tropicales a las afueras de Belgrado.
El edificio también expone su peculiar colección de testigos de relevos —símbolo de los juegos deportivos del Movimiento de los No Alineados— junto con otros objetos personales y recuerdos de su época en el poder.
Las cenizas de Fidel Castro, líder de la revolución cubana y figura clave del comunismo en América Latina, fueron depositadas en 2016 en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba. Su tumba, marcada por una gran roca de granito y una sencilla placa con la inscripción “Fidel”, destaca por su sobriedad.
A pesar de su aspecto austero, pronto se convirtió en un lugar de peregrinación y una de las tumbas más visitadas de la isla.
Símbolo de la República Democrática Alemana (RDA), el peculiar Trabant fue el orgullo del régimen comunista en Alemania Oriental desde los años 50 hasta la caída del bloque y el fin de su producción a principios de los 90. Apodado cariñosamente Trabi en alemán, este coche emblemático —cuyo diseño apenas cambió durante décadas— todavía puede verse circulando por algunas carreteras del país.
Hoy en día, los visitantes de Berlín y Dresde pueden incluso ponerse al volante de un Trabant. Existen los populares “safaris en Trabi”, recorridos guiados que permiten conducir uno de estos coches históricos por la ciudad.
En Berlín, por ejemplo, la ruta lleva a los turistas por el centro, pasando junto a la Puerta de Brandeburgo, el Reichstag y los restos del Muro de Berlín.
Los visitantes pueden elegir el modelo de Trabant que prefieran y conducirlo ellos mismos en una caravana organizada, siempre acompañados por un guía. Durante el recorrido, la información sobre la ciudad y los lugares de interés se transmite en distintos idiomas a través de la radio de cada coche.
En lo que respecta al diseño del Trabi, menos era más: el viaje podía resultar bastante accidentado y la seguridad quedaba en un segundo plano. Algunos modelos carecían incluso de intermitentes, indicador de combustible o cinturones de seguridad traseros.
En la imagen se aprecia el interior renovado de un Trabant 600 (P6) de 1963, un modelo clásico que hoy se ha convertido en pieza de museo.
Los seguidores de la exitosa miniserie de HBO Chernobyl (2019) reconocerán de inmediato el aspecto de este reactor nuclear. Construida un año después del accidente de Ucrania, la central nuclear de Ignalina (INPP), en Lituania, es prácticamente idéntica a la de Chernóbil.
Situada a solo una hora y media en coche desde Vilna, la capital del país, tanto el reactor como la ciudad de Visaginas —considerada el equivalente lituano a Prípiat— se usaron como escenarios para las escenas previas a la explosión y para la limpieza posterior, incluidas las secuencias con buzos y mineros.
Como culminación del programa nuclear de la Unión Soviética, los reactores RBMK (de alta potencia y tipo canal) se diseñaron para ser baratos y fáciles de construir en grandes cantidades, aunque eran extraordinariamente potentes para su tamaño.
Hoy en día, unas 2.000 personas siguen trabajando en la central de Ignalina, apenas un tercio de los empleados que tuvo cuando funcionaba a pleno rendimiento. El primer bloque se cerró en 2004 y el segundo en 2009, y está previsto que el complejo quede totalmente desmantelado en 2038.
Aunque suele estar abierta al público, la visita debe reservarse con antelación y dura unas dos horas y media. Durante el recorrido se accede a la sala del reactor, la sala de turbinas y el panel de control del bloque, donde todavía funciona el simulador de la central.
La entrada a la zona controlada de la INPP es segura, pero los visitantes deben llevar ropa protectora y calzado especial, seguir las normas de seguridad contra la radiación y evitar tocar los pomos de las puertas.
Probablemente el país más hermético del planeta, Corea del Norte es considerado el último gran bastión del comunismo. Los turistas extranjeros solo pueden entrar mediante visitas oficiales, siempre acompañados por guías designados por el Gobierno.
En la capital, Pionyang, se alzan las gigantescas estatuas de bronce de Kim Il-sung (a la izquierda) y Kim Jong-il, antiguos líderes todopoderosos del régimen. Está permitido fotografiarlas únicamente de frente, ya que cualquier otro ángulo se considera poco respetuoso y está prohibido.
Los guías oficiales muestran con orgullo el moderno metro de Pionyang, al que los visitantes pueden acceder siempre acompañados. Sin embargo, no está permitido hablar con los pasajeros locales durante el trayecto, y los extranjeros solo pueden desplazarse entre dos estaciones.
Cada cierto tiempo —con un calendario irregular— los visitantes pueden asistir a un espectáculo multitudinario en el Estadio del Primero de Mayo de Pionyang. Se trata de los Juegos Masivos Arirang (en la imagen), en los que cientos de estudiantes y adultos se mueven con una precisión coreográfica milimétrica para simbolizar la unidad del comunismo, un valor central para el régimen.
Entre las rarezas de Corea del Norte destacan sus parques de atracciones, como este en Pionyang, que en el pasado ofrecían actividades muy singulares. Entre carruseles y juegos de pesca de patos, una de las atracciones más populares consistía en disparar con pistolas de juguete a fotografías de soldados estadounidenses.
Hoy en día, esas imágenes han sido sustituidas por objetivos más “amigables”.
El hotel Ryugyong, con forma de pirámide y situado en Pionyang (en la imagen), suele aparecer en las listas de los edificios más feos del mundo. Se considera el rascacielos desocupado más alto del planeta y, tras décadas de obras inconclusas, sigue sin terminarse.
No está permitido que los visitantes extranjeros se alojen en él: lo más cerca que pueden llegar los turistas es a contemplarlo desde lejos.
El monumento de Buzludzha, situado cerca de la ciudad de Shipka, es una de las construcciones comunistas más llamativas de Bulgaria. Desde sus 1.441 metros de altura domina el paisaje de los Balcanes Centrales.
Con su forma futurista de platillo volante y su imponente estrella roja, parece un gigantesco ovni varado en lo alto de la montaña.
El monumento de Buzludzha fue construido en los años setenta por el régimen comunista búlgaro con un coste de 14.186.000 levas, equivalente a unos 35 millones de dólares o 30 millones de euros actuales. Su finalidad era servir como sala de reuniones para los líderes socialistas.
Inaugurado en 1981, estuvo en uso menos de una década antes de quedar abandonado tras la caída del comunismo.
Décadas de abandono han dejado una profunda huella en el interior del monumento. La cúpula se encuentra en ruinas y el enorme auditorio está cubierto de escombros. Esta imagen desoladora lo ha convertido en un lugar frecuentado por grafiteros y escenario de rodajes de películas y vídeos musicales.
En los últimos años, las autoridades han restringido el acceso al interior del edificio abandonado. Sin embargo, los visitantes todavía pueden subir en coche por la carretera de montaña entre Kazanlak y Shipka y pasear por los alrededores.
Desde la cima se disfrutan vistas espectaculares… siempre que consigas apartar la mirada de esa enorme y enigmática estructura gris que se alza junto a ti.
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