El béisbol es mucho más que un deporte para la mayoría de los estadounidenses: forma parte de su identidad nacional, tanto en los buenos como en los malos momentos. Es un pasatiempo que une a generaciones y refleja el llamado “sueño americano”, la idea de que cualquiera puede prosperar en EE.UU. si trabaja duro.
Desde jugadores legendarios y estadios icónicos hasta partidos históricos y rituales curiosos, hemos reunido 21 imágenes vintage que muestran la esencia de este deporte.
Sigue leyendo para sumergirte en la historia del béisbol…
Adaptado al español por Ana Niño, Redactora en español para loveEXPLORING.
Si se compara con las imágenes actuales, que capturan con todo detalle las jugadas espectaculares de la Major League Baseball (MLB)—la liga profesional de béisbol en EE.UU.—, esta foto puede parecer modesta. Sin embargo, está considerada la primera imagen conocida de un partido de béisbol en curso.
Fue tomada el 4 de agosto de 1869, durante la primera reunión de antiguos alumnos de la escuela Gunnery en Washington —un pequeño pueblo del estado de Connecticut, en la costa este de EE.UU.—. En ella aparece el fundador de la institución, Frederick Gunn, cuyo entusiasmo por este deporte fue clave para su expansión. La imagen se incluyó más tarde en Baseball (1994), la influyente serie documental del cineasta estadounidense Ken Burns.
Tanto si eres aficionado al béisbol como si no, Fenway Park es un nombre que trasciende la cultura deportiva. Fue el hogar del legendario Babe Ruth —considerado uno de los mejores jugadores de la historia— cuando jugaba en los Boston Red Sox, el famoso equipo de Boston. Con el tiempo, se ha convertido en uno de los estadios más emblemáticos del mundo.
La imagen, tomada en febrero de 1912, muestra el estadio en plena construcción, pocos meses antes de su inauguración el 20 de abril. Hoy en día, Fenway Park sigue siendo el estadio de béisbol más antiguo en uso de la liga profesional estadounidense.
Posiblemente el incidente más infame en la historia del béisbol, el famoso escándalo de los Black Sox sigue siendo una mancha imborrable en este deporte. Ocho jugadores de los Chicago White Sox —el equipo de Chicago— fueron acusados de haber aceptado sobornos para perder deliberadamente la Serie Mundial de 1919 contra los Cincinnati Reds.
Las sospechas de conspiración surgieron justo después de la victoria de los Reds, aunque las confesiones no llegaron hasta una investigación en septiembre de 1920. Los acusados fueron juzgados en el verano de 1921, pero resultaron absueltos cuando desaparecieron pruebas clave de los archivos del gran jurado —muy probablemente robadas—. En la imagen aparece “Shoeless Joe” Jackson —uno de los mejores bateadores de la época, aunque su implicación aún genera debate— sorprendido robando la segunda base.
Decir que la venta de Babe Ruth a los New York Yankees les sentó mal a los aficionados de los Red Sox sería quedarse corto. Los fieles del Fenway Park, que habían celebrado cinco títulos en las primeras 15 Series Mundiales, no podían imaginar la larga sequía que estaba por venir.
Mientras Ruth —apodado “el Bambino” y “el Sultán del Swat”, por su poder al bate— transformaba a los Yankees en la franquicia más dominante del béisbol, los Red Sox pasaron más de ocho décadas sin conquistar un campeonato. Esta racha negativa fue conocida popularmente como “la maldición del Bambino”.
Ninguna alineación ha provocado tanto temor en los lanzadores rivales como la de los Yankees de 1927. Conocida como la “Murderers' Row” —literalmente, la fila de los asesinos, por su capacidad demoledora al bate—, está considerada por muchos como la mejor alineación de bateadores en la historia del béisbol. Estaba formada por Earle Combs, Mark Koenig, Babe Ruth, Lou Gehrig, Bob Meusel y Tony Lazzeri.
Esta ofensiva imparable (en la foto, junto al resto del equipo) llevó al conjunto que ganó la Serie Mundial de 1927 a anotar casi 1.000 carreras, con una diferencia de 376 sobre sus rivales. Ese mismo año, Ruth batió su propio récord al conectar 60 jonrones en una sola temporada.
El home run más famoso de la historia de la Serie Mundial tuvo lugar el 1 de octubre de 1932, durante el tercer partido de la Fall Classic —nombre con el que se conoce en EE.UU. a la final del campeonato—. El duelo enfrentó a los New York Yankees con los Chicago Cubs en el Wrigley Field de Chicago y elevó a Babe Ruth a la inmortalidad deportiva.
Tras recibir burlas desde la grada cuando se dirigía al plato en la parte alta de la quinta entrada, y después de fallar los cuatro primeros lanzamientos, Ruth señaló con el dedo hacia el centro del campo y, acto seguido, envió la pelota a las gradas justo en la dirección que había indicado. El debate sobre aquel “golpe anunciado” sigue vivo casi un siglo después, pero su lugar en la historia del béisbol permanece intacto.
Inmortalizado en la canción Mrs. Robinson de Simon & Garfunkel —popularizada gracias a la película clásica de los sesenta El graduado (The Graduate, 1967)—, Joe DiMaggio fue mucho más que un jugador de béisbol: se convirtió en un icono estadounidense. Estuvo casado en distintos momentos con las estrellas de Hollywood Marilyn Monroe y Dorothy Arnold, y aún hoy se le considera uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.
Figura indiscutible de los siempre poderosos Yankees, su récord de 56 partidos consecutivos conectando al menos un hit fue extraordinario incluso para sus altísimos estándares. Esta hazaña continúa siendo uno de los mayores logros de la historia del béisbol.
El 15 de abril de 1947, Jackie Robinson se convirtió en el primer afroamericano en jugar en la Major League Baseball en la era moderna. Al debutar con los Brooklyn Dodgers —el equipo histórico de Nueva York— rompió una barrera racial que llevaba décadas imponiéndose en este deporte y protagonizó un momento crucial dentro del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos.
Cincuenta años después, en 1997, la MLB homenajeó a Robinson retirando su número 42 en toda la liga, un honor reservado a las mayores leyendas. La cuestión de la segregación en el deporte estadounidense alcanzó su punto álgido en los años cuarenta, con la participación activa de los afroamericanos en la Segunda Guerra Mundial. Durante aquel conflicto, se podían ver pancartas de protesta frente al Yankee Stadium de Nueva York que rezaban: “Si somos capaces de detener las balas, ¿por qué no las pelotas?”.
La naturaleza intermitente del béisbol, con partidos que crecen en intensidad hasta alcanzar momentos culminantes, casi como una pieza de música clásica, siempre ha hecho que la suerte dependa de jugadas individuales. Pero incluso dentro de su rica historia, pocos jonrones resultan tan memorables como el “disparo que se oyó en todo el mundo” de Bobby Thomson.
El icónico batazo sobre la valla del jardín izquierdo, obra del escocés Bobby Thomson —apodado “el escocés de Staten Island”—, dio a los New York Giants el título de la Liga Nacional frente a sus eternos rivales, los Brooklyn Dodgers. Como colofón al milagroso ascenso del equipo, la jugada fue retransmitida en directo por radio para millones de estadounidenses, incluidos miles de soldados en la Guerra de Corea.
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Si se tienen en cuenta tanto la dificultad como las circunstancias, muchos consideran que la célebre jugada de Willie Mays en el primer partido de la Serie Mundial de 1954 fue la mejor acción defensiva de la historia del béisbol. Conocida simplemente como “la atrapada”, el momento mágico del “Say Hey Kid” —apodo de Mays— combinó una carrera a toda velocidad con una recepción por encima del hombro y un lanzamiento perfecto a la segunda base.
Sin la genialidad del jardinero en la octava entrada de un partido empatado, la historia de los New York Giants —que acabaron ganando aquel encuentro y también la Serie Mundial— podría haber sido muy distinta. En la imagen aparece Mays corriendo para atrapar la pelota en el desaparecido Polo Grounds —el mítico estadio de Nueva York—.
El 8 de octubre de 1956, Don Larsen (en la foto) alcanzó la inmortalidad deportiva al lanzar el primer juego perfecto como pitcher en la historia de la postemporada del béisbol —un partido en el que ningún bateador rival logra llegar a base, ni por hit, ni por base por bolas, ni por error—.
Lo que hizo aún más extraordinaria su hazaña fue que, antes de firmar esta obra maestra de 97 lanzamientos en el quinto partido de la Serie Mundial, el jugador de 27 años de Michigan City tenía un historial más bien discreto en la liga profesional estadounidense.
Con una sorprendente facilidad, superó a la alineación de los Brooklyn Dodgers, que contaba con futuras leyendas incluidas en el Salón de la Fama como Pee Wee Reese, Gil Hodges, Duke Snider, Jackie Robinson y Roy Campanella. Su actuación ayudó a los New York Yankees a imponerse por 2-0. A día de hoy, sigue siendo el único partido perfecto de la historia de la Serie Mundial.
Para los aficionados al béisbol de más edad, especialmente los de Nueva York, el traslado de los Brooklyn Dodgers y los New York Giants a California —a casi 4.800 kilómetros de distancia— sigue siendo recordado con amargura. Ambos equipos habían sido referentes del béisbol en la Gran Manzana durante más de medio siglo, pero los incentivos económicos y el deseo de construir estadios nuevos acabaron imponiéndose.
La decisión fue aprobada por los propietarios de la liga profesional el 28 de mayo de 1957 y dejó a Nueva York únicamente con los Yankees. La foto, tomada en el día inaugural de la temporada de 1958, muestra a los recién creados San Francisco Giants y Los Angeles Dodgers alineados ante 78.682 aficionados en Los Ángeles.
De la decepción por la marcha de los Dodgers y los Giants de Nueva York nacieron los Mets. Vestidos con el naranja de los Giants y el azul de los Dodgers, se establecieron como equipo de expansión en 1962 tras una fuerte protesta pública.
Aunque la nueva franquicia comenzó con muy mal pie —en su primera temporada solo ganaron 40 de los 160 partidos, una de las peores marcas en la historia de la liga profesional estadounidense—, la década terminó de forma muy distinta. En la imagen, tomada en el Shea Stadium de Nueva York, se ve a los aficionados arrancando trozos de césped como recuerdo tras la sorprendente victoria de los “Miracle Mets” (“los milagrosos Mets”) en su primera Serie Mundial.
Hasta la llegada de Hank Aaron (en la imagen), muchos aficionados pensaban que el récord de 714 jonrones de Babe Ruth jamás sería superado. Pero en abril de 1974, después de terminar la temporada anterior con 713, Aaron logró conectar el número 715, desatando la euforia en el estadio de los Atlanta Braves.
Para Aaron fue la culminación de dos décadas de esfuerzo: había bateado su primer jonrón en abril de 1954 para los Milwaukee Braves —el nombre que tenía entonces la franquicia antes de mudarse a Atlanta—. Finalmente, cerraría su carrera con un total de 755 jonrones, una cifra histórica que se mantuvo como récord absoluto durante más de 30 años.
Conocidos por su estilo de vida fiestero, los New York Mets de 1986 tenían fama de salvajes y rara vez estaban lejos de los titulares. Sus excesos fuera del campo y sus triunfos dentro de él quedaron plasmados en el libro The Bad Guys Won (2004), del periodista deportivo estadounidense Jeff Pearlman.
Más allá de esa notoriedad, los Mets del 86 se cuentan entre los equipos más talentosos de la historia de la Liga Nacional y uno de los mejores que ha visto la ciudad de Nueva York. En la foto, los jugadores celebran su victoria en la Serie Mundial frente a los Boston Red Sox —que por entonces seguían arrastrando la maldición del Bambino—.
La extraordinaria temporada 2002 de los Oakland A's se hizo conocida en todo el mundo gracias a la película Moneyball: Rompiendo las reglas (Moneyball, 2011), protagonizada por Brad Pitt y Jonah Hill. Su historia inspira a los equipos modestos, ya que muestra cómo el uso innovador de estadísticas y análisis informático permitió competir contra franquicias con presupuestos mucho mayores.
Bajo la dirección del mánager general Billy Beane —a quien Pitt dio vida en el cine—, el gran hito de la temporada fue su increíble racha de 20 victorias consecutivas entre agosto y septiembre. En la imagen, tomada en su estadio de California durante un partido contra los Kansas City Royals, los aficionados de los A's levantan carteles con la esperanza de sumar una nueva victoria.
Durante 86 años, los aficionados de los Boston Red Sox intentaron de todo para acabar con la maldición del Bambino. Desde la marcha de Babe Ruth a los New York Yankees, el equipo parecía condenado al fracaso: incluso llegaron a organizar un exorcismo a las puertas de su estadio, el mítico Fenway Park.
Durante la “era maldita”, los Red Sox alcanzaron cuatro Series Mundiales, pero las perdieron todas. Todo cambió en 2004: tras lograr una histórica remontada frente a los Yankees en la Serie de Campeonato de la Liga Americana, alcanzaron la final y barrieron a los St. Louis Cardinals por cuatro partidos a cero, poniendo fin a la agonía y conquistando su primer título en 86 años.
No es exagerado decir que, para muchos, el béisbol se vive casi como una religión. Pero nada superó el momento en que el papa Benedicto XVI ofició una misa ante 60.000 personas en el Yankee Stadium de Nueva York.
El evento formó parte de su visita oficial a EE.UU. y adquirió un significado especial al celebrarse en la llamada “Catedral del Béisbol” —apodo del estadio—, en su último año de funcionamiento. Fue un momento inolvidable, ya que coincidió con la temporada en la que los Yankees, tanto jóvenes como veteranos, se despedían del mítico recinto conocido como “el estadio que construyó Ruth”.
Para entender lo que significó la victoria de los Chicago Cubs en la Serie Mundial de 2016, basta con ver la imagen del actor Bill Murray —protagonista de Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993)— celebrando tras el partido. Murray, fan incondicional de los Cubs, nació en 1950, pero su equipo no había ganado el título más importante del béisbol desde 1908… hasta esa noche.
La franquicia había acumulado decepciones históricas y una larga lista de supersticiones. La más célebre era la “maldición de la cabra Billy”, originada en 1945 cuando al dueño de una taberna de Chicago se le prohibió entrar al estadio con su cabra mascota. Aquel gesto se convirtió en leyenda y simbolizó décadas de frustraciones, hasta que el equipo rompió definitivamente el maleficio contra los Cleveland Indians.
En los últimos años, la Major League Baseball ha trabajado intensamente para ampliar el atractivo global de este deporte. Un ejemplo fue el fin de semana de finales de junio de 2019, cuando en el estadio londinense del West Ham United se disputaron los primeros partidos oficiales de la MLB en Europa. Los protagonistas fueron dos de las franquicias más famosas: los New York Yankees y los Boston Red Sox.
Los encuentros fueron un auténtico espectáculo ofensivo: los Yankees se impusieron en el primer duelo por 17-13 y en el segundo por 12-8. La imagen muestra los fuegos artificiales lanzados tras el primer encuentro de la llamada Serie de Londres.
El japonés Shohei Ohtani, actual estrella de los Los Angeles Dodgers, es al béisbol lo que Lionel Messi representa para el fútbol: un jugador irrepetible. Destaca tanto como lanzador como bateador —algo extremadamente raro en el béisbol profesional— y a finales de 2023 firmó un contrato de 10 años y 700 millones de dólares (642 millones de euros), la mayor cifra de la historia de este deporte.
Para los Dodgers, la inversión dio frutos de inmediato: el carismático Ohtani llevó a la franquicia californiana a la Serie Mundial de 2024. En la imagen, un aficionado fotografía un mural del jugador en el barrio de Little Tokyo, en Los Ángeles.
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