Machu Picchu, Stonehenge, el Partenón y las pirámides: el planeta está lleno de maravillas antiguas cuyos nombres evocan la grandiosa historia de civilizaciones enteras. Sin embargo, también existen lugares y monumentos menos conocidos que no atraen a millones de visitantes como sus homólogos más populares.
Haz clic en la galería y descubre las maravillas antiguas más sorprendentes del mundo de las que probablemente nunca hayas oído hablar…
Adaptado al español por Ana Niño, Redactora en español para loveEXPLORING.
Aunque siguen siendo un destino turístico importante, las extensas grutas de Longmen no tienen la misma fama que otros lugares emblemáticos de China, como la Gran Muralla o el Ejército de Terracota. Sin embargo, con alrededor de 2.000 cuevas excavadas por el ser humano en los acantilados que bordean el río Yi, al sur de la ciudad de Luoyang, y una colección de estatuas, estelas, inscripciones y pagodas que suman decenas de miles de piezas, son un tesoro único del arte budista chino.
La construcción comenzó con la cueva de Guyang bajo el emperador Xiaowen de la dinastía Wei del Norte, en el siglo V, y hoy en día la mayoría de las grutas que se conservan datan de la dinastía Tang, entre los siglos VII y X.
Fue entonces cuando se esculpió la más grande, Fengxian Si (en la imagen), un santuario con nueve estatuas colosales, entre ellas un Buda de 17 metros de altura.
Los elementos han robado a las estatuas sus colores vibrantes originales, pero, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), siguen siendo “una manifestación excepcional de la creatividad artística humana”.
Para encontrar el templo más grande construido por los romanos hay que mirar más allá de las fronteras de la Italia moderna, hasta el valle de Bekaa, en el actual Líbano. Allí, en una ciudad conocida en la Antigüedad como Heliópolis (hoy Baalbek), se conservan los restos del colosal Templo de Júpiter, que en su época de esplendor contaba con un patio de 105 metros por 103 metros.
Hoy en día, seis de las columnas originales del templo siguen elevándose sobre las ruinas.
Todo era más grande en Baalbek. El Templo de Júpiter era una de las enormes construcciones de la ciudad y, de forma casi milagrosa, el Templo de Baco (en la foto), del siglo II, sigue en pie tras haber sobrevivido a los rigores del dominio romano, el periodo bizantino, múltiples dinastías árabes, los cruzados, los mongoles, los otomanos y varios terremotos.
Para la construcción de Baalbek se extrajeron y tallaron piedras de un tamaño impresionante, desde los bloques de 750 toneladas utilizados en el podio del Templo de Júpiter hasta la llamada Piedra Olvidada, que pesa 1.650 toneladas.
Una lista de los yacimientos mayas más famosos del México actual incluiría sin duda las grandes ciudades-templo de Chichén Itzá, Calakmul, Uxmal y Palenque. Fuera de los circuitos habituales, en el estado de Campeche, se encuentra el yacimiento mucho más tranquilo de Edzná.
Habitada desde el año 600 a. C., creció hasta convertirse en una ciudad con una población estimada de 25.000 habitantes y, cuando fue abandonada a finales del siglo XV, dejó tras de sí un impresionante conjunto de edificios que combina varios estilos arquitectónicos.
Sin duda, la estructura más destacada de Edzná es el templo piramidal de cinco pisos situado en el lado este de la plaza principal, todavía coronado por un “peine” mesoamericano. Cerca se encuentra el Templo de las Máscaras, llamado así por sus representaciones del dios del sol Kinich Ahau, y un juego de pelota, que habría sido un punto de encuentro central en cualquier comunidad maya.
Hoy en día, Edzná recibe menos visitantes en todo un año que Chichén Itzá en un solo día, por lo que quienes llegan hasta aquí suelen disfrutar en exclusiva de las impresionantes vistas y de la compañía de las numerosas iguanas del yacimiento.
La civilización del valle del Indo fue una de las primeras del mundo, y Mohenjo-Daro fue uno de sus principales asentamientos, lo que la convierte en una firme candidata a ser la “primera ciudad del mundo”. Construida alrededor del 2500 a. C., a orillas del río Indo, en la provincia de Sindh, en el actual norte de Pakistán, sus ruinas muestran un alto grado de planificación urbanística, con un trazado en cuadrícula y una clara distinción entre sus dos zonas principales: la ciudadela y la ciudad baja.
En su apogeo, decenas de miles de personas habrían vivido en Mohenjo-Daro.
La ciudadela de la ciudad se alzaba sobre una elevada cima —Mohenjo-Daro significa literalmente “el montículo de los muertos”— y albergaba un gran baño público alimentado por el río, salas de reunión y un granero. Las casas de ladrillo cocido más comunes en la ciudad baja contaban con fontanería (incluidos sistemas de alcantarillado), y sus residentes tenían acceso a cientos de pozos.
Sin embargo, el agua acabó convirtiéndose en un problema: las inundaciones hicieron que Harappa sustituyera a Mohenjo-Daro como principal asentamiento de la civilización.
“La mayor y más importante concentración de arte megalítico prehistórico de Europa”, así UNESCO Brú na Bóinne cuando fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1993. La pieza central de este complejo neolítico, con vistas al río Boyne, en el condado de Meath, es Newgrange, un enorme túmulo circular del cuarto milenio antes de Cristo que mide unos 85 metros de diámetro y 13 metros de altura.
Además de ser un cementerio, Newgrange tenía un importante estatus religioso y ceremonial.
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Las grandes piedras que rodean el montículo de Newgrange estaban decoradas con intrincados grabados, realizados con piedras afiladas como herramientas, especialmente en la entrada del pasillo principal que conduce a una pequeña cámara.
En el solsticio de invierno, la luz del sol naciente se alinea con este pasillo e ilumina su interior durante 17 minutos. Es un evento muy esperado incluso hoy, y decenas de miles de personas participan en un sorteo anual para ser uno de los pocos visitantes que pueden presenciarlo desde el pasillo.
En 1935, unos prospectores que buscaban petróleo descubrieron unas ruinas antiguas hasta entonces desconocidas. Las excavaciones arqueológicas posteriores revelaron un impresionante complejo de palacios y templos en la ciudad elamita de Dur Untash. La civilización de Elam floreció en el antiguo Oriente Próximo, en lo que hoy es el suroeste de Irán, junto a otras potencias como Babilonia y Sumer.
Construido en el siglo XIII a. C., en parte para honrar al dios Inshushinak, Chogha Zanbil estaba formado por tres murallas concéntricas, dentro de las cuales se encontraban varios templos, palacios y tumbas reales.
La zona más interior está ocupada por el edificio más imponente del yacimiento: un zigurat —una torre rectangular escalonada—, quizá el más bello que se ha conservado fuera de Mesopotamia. Hoy en día, el recinto aterrazado mide 24 metros de altura, menos de la mitad de lo que se estima fue su tamaño original.
La caída de la ciudad llegó finalmente cuando el gran rey asirio Asurbanipal la arrasó con su ejército en el siglo VII a. C.
La civilización más antigua conocida en América es la del Norte Chico, también llamada Caral-Supe, que floreció en el tercer milenio antes de Cristo en una región costera del actual Perú. Construyeron pirámides monumentales antes que los antiguos egipcios y anfiteatros antes que los antiguos griegos y, por la ausencia de fortificaciones defensivas, todo indica que vivían en relativa paz.
Su capital era Caral, en el desierto del valle de Supe, pero quizás aún más antiguo fue el asentamiento de Bandurria, situado un poco más al sur de la actual ciudad de Huacho.
Desde el descubrimiento de Bandurria, cerca del río Huaura, en 1973, las excavaciones arqueológicas han revelado un yacimiento de más de 50 hectáreas que conserva los restos monumentales de dos edificios con plataformas y plazas hundidas. El Norte Chico llevó a cabo estas hazañas gracias a las bolsas shicra: sacos de malla elaborados con juncos resistentes y hierba, rellenos de piedras, que se colocaban en las zanjas de construcción para reforzar las paredes, de forma muy similar a los actuales sacos de arena.
Estos métodos permitieron que las estructuras de Bandurria sobrevivieran durante más de cinco milenios y que sigan en pie.
En la mitología griega, la diosa titán Leto, embarazada de los hijos de Zeus, viajó a la isla de Delos para escapar de los celos vengativos de Hera, esposa de Zeus. Allí dio a luz al dios del sol, Apolo, y a la diosa de la caza, Artemisa.
La isla, que ya era un lugar sagrado a pesar de ser un pequeño punto en el mar Egeo, eclipsada por la vecina Míkonos, pasó a ser venerada como centro de la religión de la Antigua Grecia.
Delos era tan sagrada que estaba prohibido dar a luz o morir allí: cualquier persona que estuviera a punto de hacerlo era trasladada a otro lugar. Como era de esperar, se construyeron numerosos templos, entre ellos un santuario dedicado a Apolo, donde se halló una colosal estatua de la deidad, así como un teatro, un estadio y una sala hipóstila, un espacio cuyo techo se sostiene sobre columnas. Como puerto próspero, también contaba con mercados bulliciosos.
Sin embargo, quizá la imagen más conocida de Delos siga siendo la Terraza de los Leones: una serie de réplicas de leones de mármol descubiertas por los arqueólogos.
Asomándose entre las copas de la selva del norte de Camboya se encuentra un enorme y remoto complejo de templos. Casi oculto por el follaje y despojado de muchos de sus tesoros, ya no parece una capital imperial.
Sin embargo, poco después de su construcción, en el siglo X, Koh Ker fue brevemente la sede del poderoso Imperio jemer, que un par de siglos más tarde levantaría el mucho más famoso Angkor Wat.
El edificio más imponente de Koh Ker, o Chok Gargyar, como aparece en las antiguas inscripciones jemeres, es el doble santuario de Prasat Thom: una pirámide de siete niveles y 35 metros de altura que sobresale por encima de los árboles circundantes. Las cinco torres de ladrillo de Prasat Pram, por su parte, están siendo engullidas por las raíces de higueras estranguladoras y parecen sacadas directamente de una película de aventuras.
Quienes visitan este lugar deben considerarse afortunados, ya que muchos de los monumentos del yacimiento siguen siendo inaccesibles: la selva aún no ha sido completamente despejada de minas terrestres.
El ejemplo más emblemático de anfiteatro romano es, sin duda, el Coliseo, un imponente monumento de la capital italiana desde el siglo I d. C. Sin embargo, en la ciudad tunecina de El Jem, o El Djem, se alza uno de los anfiteatros más grandes y mejor conservados construidos por los romanos, una evocadora muestra de su poder imperial en el norte de África.
Cuando se levantó, hacia el año 238 d. C., la ciudad se llamaba Thysdrus y formaba parte de la provincia romana de África.
Con tres gradas, el anfiteatro de El Jem tenía capacidad para 35.000 espectadores que asistían a juegos de gladiadores y otros espectáculos de gran escala. Tras la marcha de los romanos, se utilizó como fortaleza y refugio para la población civil, antes de convertirse finalmente en un lugar de reunión comunitario con tiendas y viviendas.
El año 1979 fue decisivo para el anfiteatro: fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y apareció en la película británica La vida de Brian (Monty Python’s Life of Brian, 1979).
Estas ruinas incas, rodeadas por las impresionantes montañas de los Andes, pueden parecer un anfiteatro, pero en lugar de servir para el entretenimiento, estas extensas terrazas circulares probablemente se utilizaban con fines agrícolas de forma ingeniosa.
Construidas entre hace 500 y 1.000 años, las terrazas contaban con sistemas de riego, algo nada sencillo a 3.505 metros sobre el nivel del mar, y parecen haber sido diseñadas para recrear las condiciones ambientales óptimas para distintos cultivos.
La idea era que cada una de las terrazas de Moray recibiera distintos niveles de luz solar y viento, creando así un microclima propio en cada nivel. Hoy en día, la temperatura entre las terrazas superiores e inferiores puede variar hasta 15 °C, lo que permitió a los incas experimentar con diferentes cultivos.
La producción de alimentos sigue siendo el eje del yacimiento, con el restaurante MIL, abierto desde 2018, que incorpora ingredientes locales en sus menús.
Una prospección realizada en la década de 1960 descartó este yacimiento arqueológico, situado en lo alto de una colina en Turquía, como un simple cementerio medieval. Tres décadas más tarde, las excavaciones dirigidas por el arqueólogo alemán Klaus Schmidt revelaron un lugar de culto neolítico que, desde entonces, ha sido reconocido como el templo más antiguo del mundo.
Para contextualizar, Göbekli Tepe —que significa “colina del vientre”— es unos 6.000 años anterior a Stonehenge, ya que se cree que sus megalitos tienen entre 10.000 y 11.500 años de antigüedad.
Las grandes piedras de Göbekli Tepe fueron colocadas en círculos precisos, con un pilar en forma de T en el centro de cada uno, decorado con tallas de animales como zorros, serpientes, gacelas, leones y escorpiones. En el yacimiento no hay rastros de vida cotidiana, lo que sugiere que nunca fue un asentamiento permanente y que se utilizaba únicamente con fines rituales.
El yacimiento fue añadido a la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2018.
Durante la invasión italiana de Etiopía, en 1937, un monumento nacional y pieza clave de la historia antigua del país fue confiscado, cortado en secciones, trasladado a Roma y reensamblado para su exhibición pública. Se trataba de un obelisco de 24 metros de altura y 160 toneladas, construido en el siglo IV d. C., en el reino de Axum, un imperio que en su apogeo se extendía desde el Sáhara hasta los desiertos de la península arábiga.
No fue hasta 2005 cuando todas las piezas fueron devueltas.
Hoy en día, el Obelisco de Axum vuelve a erigirse en Etiopía. No es el único de su tipo, pero la mayoría de los demás se han derrumbado con el paso de los siglos y nunca fueron tan grandiosos ni tan ornamentados. Los obeliscos cayeron en desuso entre los axumitas cuando adoptaron el cristianismo a mediados del siglo IV, y este presenta puertas falsas en la base y una apariencia de ventanas que se prolonga hasta la parte superior.
Cerca de allí, en la imagen, las secciones de un obelisco aún mayor, que originalmente medía 33 metros, permanecen donde cayeron.
Si el nombre de este templo hindú te resulta familiar, probablemente sea por su reconocible entrada, que se ha convertido en una popular imagen de viaje en redes sociales. La llamada “Puerta del Cielo” es un espectacular ejemplo de puerta dividida candi bentar, un elemento habitual en la arquitectura de los templos balineses, que enmarca una entrada con elaborados postes perfectamente partidos por la mitad.
Pero también hay mucho que admirar dentro del templo, como los tres portales paduraksa que conducen al santuario interior.
Lempuyang forma parte de un conjunto de templos, o pura, situados en las laderas del monte Lempuyang, un lugar muy sagrado descrito como uno de los “seis santuarios del mundo”, es decir, los lugares de culto más importantes de Bali. Aunque muchos visitantes comienzan y terminan su recorrido en la Puerta del Cielo, es posible visitar todos los templos del complejo en una única caminata de unas cuatro horas.
Los pozos escalonados no son raros en la India, donde se utilizan para almacenar agua en enormes depósitos artificiales durante la temporada de lluvias, como preparación para los periodos de sequía, pero pocos son tan impresionantes o antiguos como Chand Baori.
Esta estructura de 30 metros de profundidad, que se estrecha hacia el pozo en el fondo como una pirámide invertida, cuenta con 13 pisos y 3.500 escalones dispuestos en cascada, formando magníficos patrones geométricos en tres de sus lados. El cuarto lado del pozo está ocupado por salas y pasillos construidos para alojar a dignatarios.
Chand Baori, que data del siglo VIII y probablemente recibe su nombre de un gobernante local del estado septentrional de Rajastán, era más un espacio comunitario que un simple pozo. Los lugareños se reunían, y aún lo hacen, en los niveles inferiores, donde la temperatura se mantiene relativamente fresca, y estos niveles presentan intrincadas decoraciones con significado espiritual.
Junto a Chand Baori se alza el igualmente impresionante templo de Harshat Mata.
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