Desde monumentos antiguos transformados por siglos de restauración hasta lugares famosos envueltos en mitos y malentendidos, muchas atracciones turísticas no son lo que parecen. Algunas han sido modificadas con el paso del tiempo, otras están rodeadas de leyendas o historias curiosas, pero todas esconden más de lo que aparentan.
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Adaptado al español por Ana Niño, Redactora en español para loveEXPLORING.
En su día fue el paso fronterizo más famoso entre Berlín Oriental y Occidental durante la Guerra Fría y el lugar donde se enfrentaron los tanques estadounidenses y soviéticos en 1961. Hoy, sin embargo, el Checkpoint Charlie al que acuden los turistas es una réplica, ya que el original se trasladó al Museo Alliierten.
Actores vestidos con uniformes de época posan para las fotos, rodeados de puestos de recuerdos y cadenas de comida rápida, lo que da al lugar un aire de parque temático y ha generado críticas por parecer más un espectáculo que un espacio de memoria.
Una ilusión camuflada de fenómeno natural, The Mystery Spot, en Santa Cruz, fue creado por el topógrafo George Prather en 1941.
Construido en torno a una cabaña inclinada diseñada para engañar a los sentidos —con bolas que parecen rodar cuesta arriba (como se ve en la imagen) y personas que desafían la gravedad—, este lugar sigue alimentando mitos sobre vórtices magnéticos y atrayendo a visitantes curiosos aún hoy.
Custodiada en la catedral de San Juan Bautista, se dice que la Sábana Santa es el sudario funerario de Jesucristo, con la huella difusa de un hombre crucificado.
Sin embargo, un análisis de radiocarbono publicado en 1989 en la revista Nature —una de las publicaciones científicas más prestigiosas del mundo— dató el tejido entre los siglos XIII y XIV, lo que sugiere que podría tratarse de una creación medieval y no de una reliquia de hace 2.000 años. Aun así, muchos creen que es auténtica, alegando contaminación o reparaciones posteriores. El Vaticano nunca ha declarado su autenticidad, pero la trata como un icono sagrado y la exhibe ocasionalmente ante grandes multitudes.
Es uno de los monumentos antiguos más emblemáticos del mundo, pero muchos visitantes se sorprenden al descubrir hasta qué punto ha sido reconstruido. A lo largo de las décadas, varias piedras se han enderezado o vuelto a erigir, y se han fijado con hormigón o mortero de cal para evitar que se derrumben.
En la imagen se muestra una restauración realizada en 1958, en la que se utilizó una grúa para levantar una de las piedras. Así que, aunque el lugar es indudablemente antiguo, lo que se ve hoy no está totalmente intacto.
Sí, el puente existe y formaba parte del famoso ferrocarril Tailandia-Birmania, construido durante la Segunda Guerra Mundial por prisioneros de guerra aliados y trabajadores forzados. Pero la película de 1957 El puente sobre el río Kwai (The Bridge on the River Kwai, 1957) se tomó muchas licencias creativas.
Por un lado, el puente real no cruzaba el río Kwai, sino el río Mae Klong, cerca de Kanchanaburi. Tras el enorme éxito de la película, que atrajo a turistas deseosos de ver el "puente sobre el río Kwai", las autoridades tailandesas rebautizaron ese tramo del Mae Klong como "Khwae Yai" para satisfacer las expectativas.
Atribuido al arquitecto sir Christopher Wren, uno de los grandes nombres del urbanismo londinense tras el Gran Incendio de 1666, Temple Bar se terminó en 1672 y marcaba la entrada ceremonial a la ciudad de Londres, en el cruce de Fleet Street y The Strand. Wren es conocido por haber rediseñado gran parte del centro de Londres, incluida la catedral de San Pablo.
En 1878, el arco fue desmantelado para facilitar el tráfico y trasladado a Theobalds Park, en Hertfordshire. Más de un siglo después, en 2004, fue devuelto a Londres y reconstruido cerca de la catedral de San Pablo, en Paternoster Square. Muchos dan por hecho que ha estado allí desde siempre, pero no es así.
Muchos turistas hacen cola para sacarse una foto en el número 1912 de Pike Place, en Seattle, considerado por muchos como el primer Starbucks, pero no es así. La primera tienda abrió en 1971 en el número 2000 de Western Avenue, a pocos pasos de allí, y ya no existe.
En 1977, la empresa se trasladó a su ubicación actual, que más tarde fue reformada para parecerse a aquella tienda original. Pike Place es uno de los mercados más emblemáticos de la ciudad y este Starbucks se ha convertido en una atracción turística en sí mismo.
El Shakespeare's Globe Theatre parece un auténtico teatro isabelino, pero en realidad es una reconstrucción moderna inaugurada en 1997. El original, construido en 1599, se incendió en 1613 durante una representación de Enrique VIII y fue demolido poco después.
La versión actual fue impulsada por el actor y director estadounidense Sam Wanamaker, que lideró su reconstrucción utilizando materiales tradicionales. Como no se conservaban los planos originales, gran parte del diseño se basó en investigaciones arqueológicas y conjeturas históricas. Aun así, muchos visitantes creen que están entrando en el teatro original de Shakespeare.
Las pinturas rupestres prehistóricas de Lascaux, famosas en todo el mundo, representan animales y escenas creadas hace más de 17.000 años. Pero lo que muchos visitantes no saben es que no están viendo las cuevas originales.
De hecho, lo más probable es que estén recorriendo Lascaux II, III o IV, réplicas minuciosamente elaboradas para proteger las originales. La cueva original de Lascaux, descubierta en 1940 en el suroeste de Francia, se cerró al público en 1963, cuando el dióxido de carbono, la humedad y otros contaminantes del aliento humano comenzaron a dañar sus frágiles pinturas.
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Plymouth Rock es uno de los símbolos más conocidos de la fundación de EE.UU., ya que suele creerse que marca el lugar exacto donde desembarcaron, en 1620, los peregrinos del Mayflower, un grupo de colonos ingleses que buscaban libertad religiosa y fundaron una de las primeras colonias europeas permanentes en Norteamérica. En realidad, no existen pruebas históricas que relacionen la roca con su llegada.
La conexión se afirmó por primera vez más de un siglo después y la inscripción “1620” no se añadió hasta 1880. Con el tiempo, la roca se ha roto, se ha trasladado e incluso se ha expuesto por partes, lo que la convierte más en un símbolo del imaginario patriótico que en un hecho documentado.
En un clásico caso de confusión, muchos turistas se llevan una buena decepción al llegar al Puente de Londres y darse cuenta de que esperaban ver el más llamativo Puente de la Torre (sí, el de las torres).
Aunque el Puente de Londres es protagonista de una canción infantil y está cargado de siglos de historia, su aspecto recuerda al de cualquier puente antiguo. La versión actual se inauguró en 1973, pero ya en época romana existía un puente en este mismo punto del río Támesis con el mismo nombre.
La última cena, el célebre mural de Leonardo da Vinci ubicado en el convento de Santa Maria delle Grazie de Milán, es una de las obras de arte más famosas del mundo y una visita habitual para quienes viajan al norte de Italia. Sin embargo, lo que los visitantes ven hoy no es exactamente lo que parece.
Pintado entre 1495 y 1498 con una técnica experimental sobre yeso seco, el mural comenzó a deteriorarse casi de inmediato y sufrió daños adicionales por el abandono y los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Tras una restauración que duró 20 años y concluyó en 1999, el Istituto Centrale del Restauro de Italia estimó que solo queda un 20% de la pintura original de Leonardo, lo que convierte la obra actual en una reinterpretación más que en una imagen fiel al original.
Esta vivienda de adobe en Santa Fe suele promocionarse como una de las más antiguas de EE.UU., aunque su verdadera antigüedad sigue siendo motivo de debate. La parte occidental se construyó sobre los cimientos de un antiguo asentamiento indígena del siglo XIII, pero lo que se conserva hoy no es completamente original.
La segunda planta fue demolida a principios del siglo XX y reconstruida en la década de 1920, según la idea que entonces se tenía del diseño original, y gran parte del edificio ha sido restaurado o modificado. Puede que no esté intacta, pero sigue siendo uno de los inmuebles con más historia del país.
Una de las atracciones más reconocibles de Islandia, la Laguna Azul suele promocionarse como una maravilla geotérmica natural. Sin embargo, la piscina de color azul lechoso no es una fuente termal natural, sino un subproducto de la cercana central geotérmica de Svartsengi. Se formó en los años ochenta, cuando los residuos calientes comenzaron a acumularse sobre los campos de lava de la zona.
Su color llamativo y la atmósfera vaporosa se mantienen cuidadosamente mediante sistemas de control, y aunque sigue siendo una visita obligada para muchos viajeros, a algunos les sorprende descubrir que el balneario “natural” más famoso de Islandia, en realidad, no lo es.
En medio del desierto de Texas se alza lo que a primera vista parece una boutique de lujo: una solitaria tienda de Prada con zapatos y bolsos expuestos en sus escaparates.
Pero, a pesar de su aspecto impecable, Prada Marfa no es una tienda real, sino una instalación artística permanente creada en 2005 por los artistas Elmgreen y Dragset. No hay puertas que abrir ni artículos a la venta, solo una escena surrealista que atrae tanto a viajeros curiosos como a devotos de Instagram.
El “lago manchado” es un fenómeno natural sorprendente: un lago poco profundo que en verano presenta manchas de colores formadas por su alta concentración de magnesio, sulfatos de calcio y otros minerales. Es un lugar geológicamente único y tiene un profundo significado cultural para el pueblo indígena Syilx (también conocido como Okanagan).
Ahora bien, aunque el lago es real, la experiencia puede resultar decepcionante. No hay acceso público directo y solo puede observarse desde una valla junto a la carretera. Fuera de la temporada alta de verano, sus colores vivos se apagan y el lugar puede parecer menos impresionante de lo esperado: espectacular en las fotos, pero distante en persona.
A primera vista, podría parecer otra atracción curiosa junto a la carretera, pero esta autoproclamada “micronación”, situada cerca de Dayton (Nevada), es sorprendentemente elaborada. La República de Molossia tiene su propio presidente, himno nacional, moneda (vinculada al precio actual de la masa para galletas) e incluso un puesto fronterizo.
En realidad, se trata de la residencia privada de su cofundador, Kevin Baugh, concebida en parte como una sátira política y en parte como un experimento de micronacionalismo. Establecida en su ubicación actual en 1998, ofrece visitas ocasionales con sellos en el pasaporte, formularios de aduana y un recorrido por la “capital”.
La Gran Muralla china es una maravilla milenaria, pero la mayoría de los visitantes solo conocen la sección de Badaling, un tramo muy restaurado situado cerca de Pekín. Con piedra pulida, barandillas modernas y grandes multitudes, se asemeja más a una atracción turística que a un sitio histórico.
Aunque hay secciones más auténticas y sin restaurar en zonas remotas, son mucho menos visitadas. Para muchos viajeros, Badaling es su único contacto con la muralla: una reconstrucción moderna que ofrece comodidad y buenas oportunidades para hacer fotos, pero no la atmósfera antigua y auténtica que podrían esperar.
El Álamo es conocido por la batalla de 1836, en la que un pequeño grupo de combatientes protagonizó una dramática resistencia durante la lucha por la independencia de Texas frente a México. Muchos visitantes esperan encontrar una gran fortaleza o un campo de batalla bien conservado, pero en realidad solo se conserva la pequeña capilla de la antigua misión.
Ubicado en pleno centro de San Antonio, el Álamo está rodeado de calles transitadas, hoteles y tiendas de recuerdos, lo que puede resultar chocante. Quienes lo visitan por primera vez suelen sorprenderse por su modesto tamaño y por lo poco que queda del complejo original.
Para proteger la tumba original (en la imagen de 1922, tras su descubrimiento por el arqueólogo Howard Carter) de los daños causados por décadas de visitas, la mayoría de los turistas son dirigidos hoy a una réplica increíblemente precisa, situada en las inmediaciones. Esta copia reproduce hasta el más mínimo detalle, incluidas las grietas y los pigmentos desvaídos.
A menos que hayas pagado un suplemento por la tumba original, que es pequeña, está estrictamente vigilada y prácticamente vacía, salvo por el sarcófago de piedra, lo más probable es que veas la réplica. Es de calidad museística y muy convincente, pero no es la antigua cámara en la que muchos imaginan que van a entrar.
Más de 2.700 estrellas rinden homenaje a los grandes del cine, la música y la televisión, pero el entorno dista mucho de ser glamuroso. Piensa en aceras agrietadas, tiendas de recuerdos, personajes disfrazados que piden propinas y una capa general de suciedad.
Lo que parece un paseo brillante por la historia del espectáculo a menudo se convierte en el reto de esquivar multitudes en una calle abarrotada. Aun así, merece la pena echar un vistazo, pero conviene bajar las expectativas de alfombra roja. La magia de Hollywood no siempre sobrevive al contacto con la acera.
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