Existen muchas razones por las que los países y las ciudades pueden convertirse en zonas prohibidas. A veces se debe a una guerra o a una catástrofe natural, o a la decisión de un capo de la droga de establecer allí un cártel internacional. Pero los tiempos cambian. Hemos elaborado una lista de los lugares más fascinantes del planeta que en su día estuvieron prohibidos, pero que ahora, vuelven a estar abiertos a los visitantes.
Traducido al español por María J. Arabia, Editora de Sindicación en Español para loveEXPLORING.
Esta ciudad amurallada, incluida en la lista de la UNESCO y situada en la impresionante Costa Dálmata de Croacia, es uno de los destinos turísticos más populares de Europa. En 2019, 1.5 millones de turistas se colaron por sus estrechas callejuelas adoquinadas, es decir, 36 turistas por habitante. Pero cuando Croacia declaró su independencia de Yugoslavia en 1991, el Ejército Popular Yugoslavo atacó la ciudad durante varios meses. La artillería instalada en las colinas que dominan la ciudad vieja fue utilizada para lanzar una lluvia de proyectiles que causó centenares de muertos y destruyó edificios centenarios.
Miles de personas huyeron de la ciudad y durante un tiempo Dubrovnik fue una ciudad fantasma. Pero tras declararse la paz en 1995, los residentes – y los turistas – empezaron a regresar. A finales de siglo, el número de visitantes había vuelto a los niveles de antes de la guerra, y en 2011 la ciudad recibió otro impulso cuando se utilizó como plató de rodaje de la popularísima serie de televisión Juego de Tronos. Hoy es tan probable que te encuentres con alguien buscando las calles utilizadas en el famoso "paseo de la vergüenza" de Cersei como que te topes con un restaurante local en una pequeña callejuela vendiendo mariscos recién sacados del Adriático.
Timor Oriental siempre ha sido un lugar diferente. Mientras que la mayor parte de Indonesia, incluida la parte occidental de la isla de Timor, fue una colonia holandesa, Timor Oriental fue reclamado por los portugueses. Poco después de que el país se independizara de Portugal en 1975, Indonesia lo invadió y se produjo una brutal ocupación. Durante más de una década, el Frente Revolucionario para un Timor Oriental Independiente (Fretilin) libró una guerra de guerrillas contra el ejército indonesio, que promulgó medidas represivas cada vez más sangrientas.
En un referéndum supervisado por la ONU celebrado en 1999, el 78% de la población votó a favor de la independencia, tras lo cual el ejército indonesio y las milicias proindonesias expulsaron a cientos de miles de timorenses orientales hacia Timor Occidental y causaron estragos en la infraestructura de Timor Oriental. Se envió una fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU y en 2002 el país se independizó definitivamente. En la actualidad, una incipiente industria turística atrae a los visitantes a descubrir sus playas vírgenes, sus ciudades inexploradas y su singular cultura de influencia portuguesa.
Karosta es una antigua base naval imperial rusa y soviética en el mar Báltico, en la actual Liepaja, en Letonia. Fue construida entre 1890 y 1906 por el zar Alejandro III de Rusia, y durante el periodo soviético sirvió de base para la Flota Soviética del Báltico. Se convirtió en una ciudad militar cerrada, una de las más secretas de la Unión Soviética. Estaba vedada a todo el mundo, incluidos los habitantes de Liepaja, a sólo un par de kilómetros, que antaño a menudo acudían a la playa de Karosta para buscar ámbar, que llegaba a la orilla.
Cuando Letonia obtuvo la independencia en 1991, el ejército soviético abandonó Karosta y partes de la ciudad quedaron en ruinas. Hoy se ha convertido en una insólita atracción turística y un refugio para artistas. La prisión militar se ha convertido en hotel y espacio para bodas. La impresionante Catedral Naval Ortodoxa Rusa, utilizada como gimnasio y cine durante la época soviética, hoy en día vuelve a celebrar servicios. Y los artistas grafiteros han convertido los viejos edificios del fuerte que se desmoronan en el mar en lienzos para sus obras de arte.
En 1988, la revista Time calificó a Medellín como la ciudad más peligrosa del mundo. Era el apogeo de los años de Escobar, cuando el famoso narcotraficante Pablo Escobar utilizó la ciudad como base de un cártel que, en su apogeo, controlaba alrededor del 80% del suministro mundial de cocaína. Los enfrentamientos con la policía, los asesinatos políticos, las explosiones de bombas y las matanzas eran habituales. En 1991, la tasa de homicidios alcanzó la asombrosa cifra de 381 asesinatos por cada 100,000 habitantes, casi 40 veces superior a la referencia de la ONU para declarar una epidemia de violencia.
Escobar murió hace 30 años, y la transformación ha sido asombrosa. En 2004, una serie de proyectos de infraestructuras conectaron los asentamientos pobres y aislados de las empinadas laderas con el centro económico de Medellín. La economía volvió a rugir y en 2013 la ciudad fue nombrada "la ciudad más innovadora del mundo" por el Urban Land Institute. Hoy la ciudad resplandece, aprovechando al máximo su impresionante ubicación en un valle entre dos cordilleras andinas, y los turistas descubren por sí mismos por qué Medellín recibe el sobrenombre de la "Ciudad de la Eterna Primavera".
Los Jemeres Rojos sólo gobernaron Camboya de 1975 a 1979, pero en ese breve periodo perdieron la vida aproximadamente dos millones de personas. Su brutal líder, Pol Pot, declaró que la nación empezaría de nuevo en el "Año Cero", vaciando las ciudades, aboliendo el dinero, la propiedad privada y la religión y obligando a todos a trabajar en colectivos rurales. Cualquiera que fuera considerado "intelectual" era ejecutado, mientras que otros morían de hambre, enfermedad y exceso de trabajo cuando el experimento social fracasó inevitablemente. El país está plagado de "campos de exterminio", donde las víctimas fueron enterradas en fosas comunes.
El régimen acabó derrumbándose cuando el país vecino, Vietnam, invadió el país, estableciendo una ocupación que duraría una década. Los vietnamitas se retiraron en 1989 y, desde entonces, Camboya se ha convertido en una atracción turística muy popular, sobre todo por las impresionantes ruinas jemeres de Angkor Wat. Quedan recuerdos de los terribles tiempos de Pol Pot, como el Museo del Genocidio Tuol Sleng y la Estupa Conmemorativa, ambos en la capital, Phnom Penh. Uno de los campos de exterminio más significativos se encuentra en Wat Thmey, cerca de Siem Reap.
Las Maldivas dieron la bienvenida a sus primeros turistas en 1972. Conscientes de que la mayoría de sus islas eran diminutas y preocupados de las consecuencias de una afluencia e influencia extranjeras excesivas, el gobierno aplicó en 1978 la política de "un complejo turístico, una isla". Estos complejos se construyeron en su mayor parte en islas deshabitadas, y viajar a las islas más pobladas, como Hithadhoo o Fuvahmulah, era muy difícil y poco habitual.
Sólo desde 2009 se ha permitido a los habitantes de las islas habitadas construir casas de huéspedes, donde los turistas pueden alojarse entre la población local. Los viajeros intrépidos tienen ahora la oportunidad de visitar islas que antes estaban fuera de los límites, y experimentar una vida isleña más auténtica en las Maldivas. Aun así, hay que llegar a estas islas, a menudo a bordo de uno de los cargueros de madera llamados "vedis" que zarpan de la capital, Malé, cargados de suministros y pasajeros.
Albania pasó gran parte de la segunda mitad del siglo XX aislada del resto del mundo. Enver Hoxha, el gobernante comunista del país, desdeñó a las principales potencias mundiales y se volvió tan paranoico con la invasión que prácticamente llevó al país a la bancarrota construyendo búnkeres de hormigón a lo largo de todas las carreteras, fronteras y costas principales. no se sabe el número exacto de búnkeres que construyó – se cree que fueron de 170,000 a 750,000 o más – y cada uno costaba aproximadamente lo mismo que un apartamento de dos dormitorios.
Hoxha murió en 1985, pero los búnkeres permanecen. Algunos se han convertido en viviendas, otros en pequeños restaurantes, cafés o galerías de arte. Muchos han sido convertidos en obras de arte por grafiteros. Desde la transición a la democracia en 1990, el país se ha convertido también en un popular destino turístico, que ofrece increíbles balnearios mediterráneos como Ksamil (en la foto), impresionantes excursiones por la montaña y grandes aventuras urbanas en Tirana, todo ello a un precio mucho más asequible que sus vecinos más famosos.
Sperrgebiet es una zona rica en diamantes del sur del desierto de Namibia, en el suroeste del país. Se cerró al público después de que un trabajador ferroviario llamado Zacharias Lewala encontrara un diamante en Kolmanskop en 1908. Sperrgebiet significa "zona prohibida" en alemán y toda la zona estuvo cerrada al mundo exterior hasta principios del siglo XXI. Era un lugar secreto lleno de ricas minas de diamantes, traicioneros mares de arena y misteriosos mitos urbanos.
En 2004, la región de Sperrgebiet fue declarada un parque nacional, de unos 22,000 km2. Conocido como Tsau Khaeb, el parque se abrió provisionalmente en parte a los visitantes, que descubrieron minas abandonadas, espeluznantes pueblos fantasma engullidos por la arena y esqueletos de barcos naufragados a lo largo de la escarpada costa. El parque fue reconocido rápidamente como uno de los principales focos de biodiversidad, y sus remolinos de niebla marina albergan más especies endémicas de suculentas que las que pueden encontrarse en ningún otro lugar del planeta. También alberga la primera Zona Marina Protegida de Namibia, donde abundan ballenas, delfines, focas peleteras y vastas colonias de aves marinas.
Bután es el reino ermitaño por excelencia, aislado del resto del mundo durante siglos y ferozmente protector de su cultura y tradiciones. Está situado en lo alto del Himalaya, entre China e India, y hace mucho hincapié en la paz y la armonía, la cual es medida bajo el índice de Felicidad Nacional Bruta. Cuando por fin se permitió la entrada de turistas en la década de 1970, fue bajo las condiciones más estrictas. Los retos administrativos de la visita eran inmensos, y en 1974 sólo se permitió la entrada al país a 287 turistas.
Entre 2012 y 2016, el número de visitantes al reino aumentó un 24%, pero Bután conserva un fuerte sentido de su propia identidad. No hay semáforos, los empleados del gobierno deben llevar ropa tradicional (una túnica gho para los hombres y un vestido kira para las mujeres) durante las horas de trabajo y ver la televisión sólo se permitió a regañadientes en 1999. Aquellos afortunados que logran visitar deben pagar una cuantiosa cuota diaria, pero la recompensa es inmensa: impresionantes paisajes naturales, extraordinarios templos budistas y una cultura en la que las tradiciones centenarias siguen formando parte de la vida cotidiana.
Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania fue dividida en dos por la Unión Soviética y los Aliados Occidentales. La capital, Berlín, se dividió en oriente y occidente y quedó separada en 1961 por el tristemente famoso Muro de Berlín. Los barrios se dividieron, al igual que, a veces, las familias. Viajar entre los dos sectores pronto se hizo cada vez más difícil y, al final, imposible. El cruce del Checkpoint Charlie parecía sacado de una novela de espías, y más de 600 alemanes orientales perdieron la vida intentando cruzar el muro y escapar.
Hoy en día, el Checkpoint Charlie es una atracción popular donde los turistas posan para hacerse fotos con personas vestidas de guardias soviéticos y estadounidenses. Hay un McDonald's en la esquina de enfrente y los visitantes pueden caminar libremente entre los dos "sectores". Quedan partes del Muro de Berlín, un sombrío recordatorio de tiempos más restrictivos, pero en general Berlín Oriental ha abrazado las libertades y oportunidades que surgieron cuando cayó el Muro en 1989. Hoy alberga algunos de los clubes, bares y restaurantes más interesantes de la ciudad, así como museos y galerías.
Soweto es un municipio situado en el extremo suroeste de Johannesburgo. Fue reservado por el gobierno blanco sudafricano para los trabajadores negros que acudieron en masa desde las zonas rurales entre la Primera y la Segunda Guerras Mundiales. Las condiciones eran a menudo muy malas y los barrios marginales se convirtieron en un hervidero de ira e insurrección contra el régimen del apartheid, que culminó en la Rebelión de Soweto de 1976, desencadenada en parte por la insistencia del gobierno en que se utilizara la lengua afrikaans en las escuelas de Soweto. En la calle Vilakazi, en el corazón del municipio, vivieron el arzobispo Desmond Tutu y Nelson Mandela.
Desde el final del apartheid en 1990, las condiciones han mejorado en Soweto, pero la mayoría de sus habitantes siguen teniendo que viajar a Johannesburgo para trabajar. Sin embargo, el turismo es ahora una creciente fuente de ingresos, con visitantes de todo el mundo que acuden en masa a visitar el museo de la antigua casa de Nelson Mandela. También hay una creciente escena gastronómica y musical. La fábrica de cerveza Ubuntu Kraal, el teatro de Soweto y el mercado Locrate son lugares populares, mientras que para los más aventureros es imprescindible hacer puenting desde la ahora clausurada central eléctrica de Orlando.